Cuando hablamos de escalas de colores, podemos encontrar dos modelos diferentes: RGB o CMYK. En este post os vamos a hablar de las diferencias de cada uno y cuando es mejor usar cada uno.

Debemos saber, que los colores parten de los primarios (Rojo verde y azul) y de los secundarios (Cyan, magenta y amarillo, que se obtienen mezclando los anteriores)

  • El modelo RGB está formado por los primarios (De ahí su sigla: Red, Green, Blue) Su suma da el blanco, y su ausencia el negro. Es el modelo utilizado para pantallas (Televisión, ordenadores, tabletas…) Según el porcentaje que se encuentra en cada pixel de color, se obtendrá un color, tono u otro
  • El modelo CMYK está formado por los colores secundarios, y su sigla también proviene de sus colores (Cyan, Magenta, Yellow, Black). Aquí se usa la combinación de los cuatro colores para dar lugar al resto. Se emplean porcentajes, y según el porcentaje que se atribuye cada uno de estos, contendrá más o menos. Es decir: Presentamos un color con 0% cyan, 50% magenta,

El blanco se obtendría cuando no hay ningún porcentaje en ninguno de los colores, y el negro cuando el de todos es del 100%. Esta escala se suele utilizar para impresiones.

Así pues, ¿Cuál usar?

Si lo que deseas es realizar una composición que va a ser visualizada a través de pantallas, lo mejor será un modelo RGB, en cambio sí se van a realizar impresiones, el modelo CMYK es el tuyo.

COSAS A TENER EN CUENTA

-Si estás trabajando con un modelo, y este no es el correcto, podrás cambiarlo si el cambio se produce de RGB a CMYK, pero no a la inversa, por lo que es importante saber elegir qué modelo usar antes de empezar con el proyecto.

-No todas las pantallas tienen la misma resolución, y por tanto, podrían no mostrarte el color exacto en su totalidad, por lo que ajusta tu pantalla cuando marques los colores.

-Si vas a realizar muchas impresiones, realiza antes una prueba de color, ya que el color podría variar un poco de pantalla a papel, por lo que no es conveniente realizar todas las impresiones sin haber hecho previamente una prueba.